El caso "de la 59"; urgen políticas públicas pro-indigenistas

“…Trescientos años desde la conquista a la independencia de México, no pudieron exterminar al indígena. Doscientos años después, al cambiar de maquillaje la dominación, de españoles a criollos y finalmente a mestizos, el hombre maya sigue altivo, en paciente espera".

A 500 años de conquista, colonización y explotación indígena, las prácticas discriminatorias continúan. El caso "de la 59", suceso que indigna a la sociedad campechana, deberá ser revisado con lupa, mucha seriedad, harto compromiso y, por sobre todas las cosas, con obligada solidaridad para nuestros hermanos de distintas etnias.

Al margen del estatus de "Patrimonio Cultural de la Humanidad" y los ordenamientos que conllevan a acceder a financiamientos mundiales, los tres niveles de gobierno poco han podido avanzar en la solución de las causales de la ignorancia, pobreza y mendicidad de los dueños ancestrales de esta tierra que hoy pisamos.

El caso "de la 59", bastante abordado por analistas, periodistas, defensores de los ddhh, grupos indigenistas, opinólogos ocasionales y demás, es claro ejemplo de la falta de políticas públicas para atenuar los efectos de la pobreza extrema, flujos migratorios y trata de personas; cadena de omisiones que hoy rebasan nuestra capacidad de indignación.

Bien hace el secretario de Seguridad de Campeche Jorge Argáez Uribe, quien este sábado por la tarde salió a dar la cara y el pecho ante la avalancha de crucifixiones a su personal. En un breve texto comenta sobre el tema ocurrido:

"...la policía actuó, ante las múltiples quejas de la misma sociedad, deque estas personas hacen sus necesidades en la vía pública, reporte de robos de menor cuantía que han realizado, incluso las personas que las regentean andan con gente que las utiliza y explota.

"Se investigará como en todos los casos la actuación de la policía, y si determinamos que hubo un exceso se procederá conforme marca la ley. La actuación de la policía siempre molestará a alguna de las partes, ya sea a la víctima porque no se acudió a tiempo, o del victimario porque siente que se le están violando sus derechos".

"Cuco" Argáez -Doctor en Derecho- sabe de lo que habla. Sólo estando de este lado de la mesa podría entenderse la filosofía policiaca. La crítica que lapida a los cuerpos de seguridad tienen razón en gran parte, pues el esfuerzo por la capacitación de los elementos es tema inconcluso; hay aún orates con uniforme que embarran a toda la corporación.

Decíamos, pues, que el tema de la explotación indígena tiene raíces más profundas. No sólo el aspecto social -pobreza atroz, discriminación, ignorancia- sino está también la presencia de mafias explotadoras, así como los usos y costumbres de los propios grupos étnicos (Síndrome de Estocolmo, cuyas víctimas defienden a su victimario).

No se justifica, por ninguna razón, la brutalidad policiaca. La sociedad exige -el sentido común también-, castigo ejemplar a los agentes que, por falta de preparación suficiente, atropellaron y violaron la dignidad humana, principalmente de una menor de edad. Esperamos en los días venideros el anuncio correspondiente.

Y aquí no vale el argumento pueril de que la joven indígena estaba violentando el reglamento de "Ciudad Patrimonio". Porque gran culpa es la omisión -dejar pasar, dejar hacer- que ha generado los efectos descritos. Muchas son las denuncias para que se abra una exhaustiva investigación por la Trata de Personas y Explotación Humana de estos naturales, pero...

Creemos que todos las opiniones ayudan, pero más las que proponen. Desde su propia individualidad -enfoque personal- cada quien coincide en que son tres cosas qué atender: Brutalidad policiaca e Investigación de fondo, Reglamentación del Centro Histórico y Políticas Públicas en favor del Indígena.

Se insiste: a los ambulantes de Chiapas y Guatemala, los transportan como ganado, hacinados familias enteras en camiones de redilas; los "alojan" en galerones ubicados en áreas de la ciudad poco habitadas; los maltratan y mal alimentan; les dan "mercancía" (ropa, bolsos, bisutería dulces, etc.) y los obligan a una cuota diaria de venta... o reciben severos castigos.

Y ya no hablemos de las que piden ayudas monetarias para sus bebés, sospechosamente "siempre dormidos". Así que, más allá de lapidaciones ocurrentes y juicios sumarios, el momento exige retomar las luchas por el movimiento indigenista. Basta ya de la discriminación de nuestras etnias. Tome nota quien deba.