Homenaje a la Revolución de Octubre en Rusia debe ser mundial

Este 7 de noviembre se cumple el primer centenario de la Revolución de Octubre y el Movimiento Antorchista Nacional (MAN) le rendirá un merecido reconocimiento, en el Auditorio Nacional de la CDMX, a las 10:00 am, donde nuestro líder nacional, el Maestro Aquiles Córdova Morán, impartirá la Conferencia “100 años de la Revolución Rusa”, como un modesto homenaje al acontecimiento político más trascendente del siglo XX, que significó un gigantesco paso adelante para la humanidad, sobre todo para las clases trabajadoras del mundo entero, difícil es exagerar la importancia de semejante fenómeno político-social.

Pero más difícil es hacer claridad de esto a la opinión pública, sobre todo precisamente al pueblo, al que se le ha mentido obsesivamente tratando de presentar a dicho acontecimiento como un acto meramente local, puramente ruso, en el mejor de los casos, o presentándolo como un proceso violento y retrógrada, causante de la miseria y la opresión del pueblo ruso por parte de los tiranos de la “Dictadura del proletariado”, siendo que hay montañas de documentos que revelan la verdad, pero que no están tan fácilmente al acceso del pueblo pobre. Es necesario comprender el acontecimiento y sus secuelas para saber la verdad. Evidenciar el engaño y desvelar la verdad no se puede hacer en este breve espacio, pero apuntaremos lo más importante.

La Revolución Bolchevique encabezada por V. I. Ulianov Lenin, significó la conquista del Estado por parte del pueblo trabajador organizado en Soviets, que eran una especie de asambleas populares y la instauración del poder soviético, como primera forma histórica de un gobierno auténticamente popular, que dio origen a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la primera nación proletaria de la historia que permaneció y se constituyó en un intento exitoso de creación de un modelo diferente al capitalismo.

La instauración del sistema social proletario, prevista por Marx en sus estudios científicos y humanistas, se vio materializada en esta patria y sus innegables e inconmensurables éxitos en el terreno tecnológico, científico, económico, cultural, pero sobre todo social al poner al servicio de la sociedad soviética los frutos y los bienes del desarrollo productivo.

Fue la patria creada por Lenin la primera en la historia que alcanzó un sistema de sanidad pública, universal y gratuita, que logró situar la esperanza de vida soviética entre las más altas del mundo; instauró la educación pública, universal, gratuita, obligatoria hasta la Universidad y postgrado, fue el primer país del mundo en alfabetizar a toda su población; en la URSS se leían más periódicos, se vendían más libros, se celebraban más conciertos de música que en el resto del mundo junto; la URSS logró por primera vez una ciencia libre de intromisiones económicas donde salía lo mejor y no lo que servía para “generar ganancia”; la URSS logró crear por primera vez un gran Estado multinacional exento de los grandes conflictos étnicos, culturales o religiosos que caracterizan a los países capitalistas; la mujer en tiempos de Stalin consiguió por primera vez en la historia, los mismos derechos que el hombre, acceso a la educación, al trabajo, e igualdad de sueldos, algo que ni siquiera hoy en día se ve en los países capitalistas más “avanzados”; fue la primera nación en alcanzar el pleno empleo, con salarios que alcanzaban para vivir decentemente, vacaciones garantizadas y acceso al esparcimiento y la diversión; fue también la primera nación en alcanzar la plenitud en los servicios públicos tales como el agua potable, la luz, la calefacción, el transporte público, los cuales eran, además, prácticamente gratis.

La patria proletaria se convirtió inmediatamente en un elevado ejemplo moral para todos los trabajadores del mundo. Pero su trascendencia internacional rompió de varios modos las fronteras locales: su internacionalismo en apoyo de las demás naciones del mundo, y su influencia para hacer contrapeso a las ambiciones del poder imperial, asesino y exprimidor de la humanidad, que tuvo que contenerse ante el pueblo organizado elevado a clase en el poder. La URSS, con sus logros en el desarrollo y beneficio de su pueblo, obligó al capitalismo desarrollado a reformarse y a conceder reivindicaciones económicas, sociales, culturales y políticas de gran significación para los trabajadores y los pueblos.

Baste recordar que las concesiones de la burguesía al potente movimiento obrero del mundo, sobre todo el europeo, creando fuertes Estados de Bienestar, son sólo algunos de los ejemplos de trascendental importancia que fueron posibles gracias al influjo de las conquistas y la fortaleza del Estado Soviético.

Desde el principio, la patria soviética creó de la nada una potencia alternativa válida que hizo que el mundo capitalista se atemorizara y ha soportado y asumido el papel de contrapeso a las ambiciones de los guerreristas, puesto fin al sistema colonialista, evitado el ascenso de los conflictos que pudieran desatar la hecatombe nuclear y apoyado a las naciones en desarrollo para estabilizar sus sistemas sociales. Fue la Nación soviética, el pueblo soviético, el que logró la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial, aunque siempre nos han presentado la imagen de que los estadounidenses fueron los libertadores del mundo, mentira vil, en realidad fueron los soldados soviéticos del ejército rojo los que derrotaron a Hitler.

Sin la patria soviética, el mundo se habría conformado de otro modo, tal como sucede después de su disolución en diciembre de 1991, tragedia planetaria que colocó al frente del mundo al imperio más rapaz e inhumano que ha conocido la historia.

Desde que dejó de existir el bloque socialista, el capitalismo ha dejado de necesitar su careta de progresista y democrático y se han multiplicado las guerras de intervención; se echan abajo sin rubor los avances en los derechos de los trabajadores del mundo, ganados a pulso con la lucha, el sudor y hasta la sangre de sus mejores próceres nacionales, pero también gracias a la existencia del ejemplo soviético que obligó a los imperialistas a hacer a regañadientes concesiones a sus clases obreras locales. Eso dejó de ser “conveniente”, se acabó el “liberalismo humano” y le sustituye un neoliberalismo inescrupuloso y ambicioso, sanguinario y asesino que no se detiene ante nada para satisfacer sus apetitos de conquista. Los capitales e intereses de las multinacionales se abren paso en el mundo a sangre y fuego.

De este modo, así como el éxito del experimento soviético beneficio a las clases trabajadoras de todas las naciones, la tragedia de su caída no fue menos internacional. Hoy el pueblo trabajador languidece en el mar de pobreza y dolor que ha generado el capitalismo, dueño y señor del mundo y que no ha cumplido, como no podía, con las falsas promesas de bienestar y progreso. Hoy más que nunca la historia se acerca a otra de esas vueltas de rueda y llama a reivindicar aquella hazaña histórica y emular sus aspectos positivos, a la luz de los nuevos acontecimientos, pero para quedarse esta vez para siempre.

Por ello el MAN rinde este modesto pero entusiasta homenaje a la revolución proletaria en este Primer Centenario de la Revolución de Octubre, y se dispone a seguir trabajando con todas sus fuerzas e inteligencia para traer el futuro de vuelta. Estamos convencidos de que es un evento que deberían recordar y homenajear los proletarios de todos los países, unidos.

 

*Javier Martínez Jaramillo, Vocero estatal del Movimiento Antorchista de Campeche