¿Quién y cómo defiende al pueblo trabajador?

El pueblo trabajador de México lo compone alrededor de 100 de los casi 130 mexicanos que somos. Oficialmente, según los laxos mecanismos para cuantificar la pobreza, hay 52.4 millones de personas pobres, de los cuales 9.3 millones se encuentran en pobreza extrema. Hay 71.1 57.7 millones de mexicanos (el 57.7 %) que no tienen acceso a la seguridad social, y los únicos que no sufren alguna carencia, los únicos que no son vulnerables, sea por ingresos o por servicios, son 27.4 millones de seres, el 21.9%.

Una institución seria como la OXFAM (confederación internacional formada por organizaciones no gubernamentales nacionales que realizan labores humanitarias en 90 países), asegura que el 10 % de la población total, alrededor de 80 familias, poseen más del 75% de la riqueza total de México. Este mismo organismo sostiene que “La desigualdad económica crece rápidamente en la mayoría de los países. La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante. Esta tesis se formuló ¡en 2014!, como corolario del análisis del Foro Económico Mundial, que, en noviembre de 2013, lanzó su informe “Perspectivas de la Agenda Mundial 2014”, que situaba el aumento de la desigualdad en los ingresos como la segunda mayor amenaza mundial de los siguientes 12 a 18 meses.

Y son ya muchos los economistas y de diversas nacionalidades que sostienen y han aportado elementos para sustentar la teoría de que esta pequeña élite de poderosos económicamente hablando, de muchos y muy diferentes modos se aseguran de que quienes ganen las elecciones y asciendan al poder público sean incondicionales suyos para que, desde ahí, defiendan sus muy importantes y estratégicos intereses económicos; los ricos tienen secuestrada la democracia.

Esta es la razón por la cual, no obstante, ser la aplastante mayoría de los mexicanos (no me los quiero imaginar aplastando a este 10 %), los pobres son como sombras, carecen de poder y de presencia para poder hacer algo en favor del país; están segregados de la vida pública. Los trabajadores mexicanos están abandonados y son poco menos que ignorados por los poderes oficiales. Esto ha sido igual con todas las fuerzas políticas que hasta hoy han tenido el poder de la nación (incluido el “nuevo” partido Morena), por la sencilla razón de que todos estos partidos políticos han representado, en realidad, solamente los intereses de ese privilegiado y poderoso 10 %, o de algunas de sus partes. Nunca ha habido un gobierno del pueblo (pese a que eso quiere decir “Democracia”) o, dicho de otro modo, el pueblo nunca ha tenido el poder.

Sin embargo, todos los políticos que han ascendido al poder lo han logrado convenciendo al otro 90% (o a su mayoría) de que ellos (esos políticos) son la nueva salvación de los pobres y que estando en el poder de la República lo usarán para defender los intereses de las grandes mayorías, los intereses del pueblo. Todos han mentido. Y el pueblo les ha creído, pues con su voto les han dado la oportunidad de “defender al pueblo”, la cual, hasta el momento, matices y grados aparte, no ha pasado de ser más que una esperanza frustrada.

¿Qué hacer?, ¿quiénes pueden defender a los pobres y de qué modo?, ¿qué otro camino le queda al pueblo? La verdad es que sí hay respuesta, es clara y tiene muchos años que se ha formulado de manera científica, pero al pueblo se le ha ocultado y se le ha predispuesto eficazmente para que no haga caso: el pueblo debe ponerse al frente del poder político y gobernar con sabiduría, firmeza y conocimiento, como clase trabajadora, impulsando con políticas económicas y sociales acertadas el crecimiento y el desarrollo con justicia social. Al pueblo nadie lo va a salvar; se debe salvar a sí mismo como clase social.

Eso solamente lo puede y debe hacer el pueblo mexicano, todo lo demás es demagogia, engaño perverso y malintencionado. Es un vil engaño cuando los políticos le dicen al mexicano: “debes escoger entre el mal gobierno y el buen gobierno”, o, peor aún, cuando le dicen: “la organización es mala, no te organices, quédate en casa y solamente tienes que votar por el bueno para que el progreso te llegue hasta la puerta de tu casa”. Quienes quieran realmente ayudar, deben decirle: “organízate y lucha, debes tomar el poder tú, en vez de votar por otros”.

No hay otro modo y es conveniente que los mexicanos aprendan a distinguir de entre todas los que se llenan la boca de hablar de los pobres, quiénes son sinceros y quiénes no. Todo el poder al pueblo, así lo han propuesto los más grandes genios de la teoría social y económica. En México un gran humanista mexicano, responsable y abnegado luchador que ha dedicado su vida a defender a los desprotegidos, se los ha dicho cada día desde hace 45 años y se los acaba de recordar apenas el 11 y el 25 de agosto, ante más de 100 y 60 mil mexicanos de los más pobres: sólo el pueblo puede defender al pueblo. Él no te dice “vota por mí, yo soy el bueno”, te dice organízate, prepárate y toma el poder. Y hoy que los mexicanos vemos nuevamente frustradas las esperanzas de que ahora sí, ya llegó el bueno, la decepción no debe convertirse en desánimo, sino en seguridad de que ahora ya sabes quién realmente te está defendiendo y cómo.

Ya es tiempo de que los mexicanos entendamos que no podía ser de otra manera, mientras sigamos esperando que vengan personajes ajenos al pueblo a hacer lo que solamente este puede hacer. No hay más. Dime, ¿quién y cómo está realmente tratando de ayudar al pueblo mexicano?

* Javier Martínez Jaramillo, responsable de prensa y propaganda del Movimiento Antorchista de Campeche